No la dí, esperé hasta que la pidieran. Traté de hacer de eso una actitud natural. En realidad, era para buscarle a las cosas un sentido. Descripción física y medidas (pero no de peso), preferencias varias ...ahí debía estar la clave, sí. Estaba convencida de que doce de esas respuestas estaban de más, que eran el relleno perfecto -o no tanto- para disimular la precisa importancia de una sola cosa, que seguro debía ser el sí, pensé. [Acá se aplica la teoría de los dos segundos, tan bien formulada por una hermana franciscana noruega durante las reformas eclesiásticas de año II. En sí, la teoría nos dice, argumentada con pequeños y perfectos razonamientos lógico deductivos, lo siguiente:"hay momentos del razonar en que el pensamiento va más rápido que la construcción de imágenes mentales o palabras verbales para dentro, en un transcurso de tiempo real de dos segundos se alcanzan a pensar procesos o deducciones que al verbalizarlos mentalmente llevarían mucho más tiempo de reloj, es como un instinto, una inspiración". Dicen las lenguas malas que la hermana formuló la teoría estando afectada por sustancias alucinógenas del cuarto grado...la verdad nosé, yo no les creo.]
Estábamos en que usé, o se me vino, la teoría de los dos segundos. Quiero decir, que sin "pensar" por qué, me di cuenta cuáles de todas esas palabras no servían, que no tenían siquiera significado simbólico, sino puramente literal, hasta casi estético.
Y les digo, dije que todo esto pasó en dos segundos, porque rápidamente el viejito me sacó la hoja y la rifa , casi que me las arrancó mientras pinchaba el número en uno de esos pinches donde se pinchan las rifas.
Bueno...ya estaba. Parecía que la cosa ya tenía que empezar, tenían la lista, estaba la rifa ahí pinchada. Cuando te pinchan la rifa es que ya está, es tu turno, te toca, te está tocando. Así que me preparé como para la lucha, cerré mis puños y me levanté segura. Sabiendo, en el fondo, que el contexto y todas esas medidas hacían muy factible la hipótesis realista de una asociación de trata de pecosas conducida por jubilados, esperé, con una sonrisa en los ojos, que al cruzar la puerta me estuviesen esperando copias berretas de todos los personajes de rocky horror invitándome a bailar.
